Advertencia: aunque no hay espoilers gordotes, sí que hay espoilers flojitos, aunque no hay nada fuerte destripado en plan muertes (que no quiere decir que las haya, sino que de haberlas no las destriparía) y cosas así, por eso no os preocupéis.
The Young Pope es un canto a, nunca mejor dicho, el complejo de Dios. No solo es que Lenny se crea que es todopoderoso sino que, como el Papa Pío XIII (Jude Law), tiene poder absoluto en la Iglesia Católica y es, en efecto, virtualmente todopoderoso. Arrogante, engreído, borde y colérico, es alguien a quien sin embargo resulta difícil odiar. Combina su infinita insolencia con una moral que parece imperturbable, siguiendo ortodoxamente (para bien y para mal) el código marcado por la doctrina Católica. Y de verdad parece haber sido tocado por la gracia de Dios o, como dicen en la serie, parece que el Espíritu Santo realmente lo haya elegido, porque el hombre realiza milagros y todo.
Lenny, el hombre, vive atrapado por su pasado, por haberse criado en un orfanato de monjas y no haber tenido otra opción que dedicarse al clero, por los supuestos milagros que ha realizado a lo largo de su vida. Vive sin entablar relaciones interpersonales porque tiene un miedo atroz al dolor que estas nos causan. Y este miedo viene de la experiencia: cuando era pequeño, un día normal, sus padres lo abandonaron.
Y es precisamente el querer huir de este dolor lo que lo convierte en incorruptible y en inhumano, en un Papa imposible de chantajear por su intachable conducta moral y su completa falta de apego. Lenny, un hombre anclado en el pasado, se convierte en un Papa que insiste en cumplir a rajatabla la doctrina eclesiástica, lo que casa perfectamente con su personalidad: odia a los homosexuales y puede discriminarlos desde su posición, odia a las mujeres y puede discriminarlas desde su profesión (lo machista que es la serie es otro tema que también daría para largo), odia a la humanidad, es un tirano que ha alcanzado una posición de poder absoluto y se aprovecha de ella para abusar de todos aquellos que están bajo su mando.
Pío XIII no solo vive en el pasado simbólicamente, sino que también lo hace literalmente en el Estado de la Ciudad del Vaticano que, como todos sabemos, es un sitio lleno de señores mayores que funciona básicamente a base de complots. Más allá de las bromas, es cierto el joven Papa vive en un mundo que, como el Cardenal Gutiérrez (Javier Cámara) reconoce, está anclado en tiempos remotos. Es un reino de tal modo sobrecogedor que llega a provocar miedo, lo que resulta muy acorde a las intenciones del hombre que acaba de convertirse en su rey.
La soberbia de Pío XIII es, como el poder del Señor, infinita. Tal como él lo ve, no es que como Papa sea el representante de Dios en la Tierra, sino que él mismo es Dios. Como dice en uno de sus discursos: "That's what the Pope wants. That's what the Church wants. That's what God wants". Y esta formidable soberbia no es algo que se oculte ni se critique, sino que es exhibida y glorificada. Pío XIII considera que su soberbia no es un pecado sino una cualidad y nosotros, al ponernos de su lado, nos hacemos cómplices. La propia cabecera de la serie nos indica que Lenny se endiosa a sí mismo: vestido de blanco, lo vemos caminar por un pasillo tapizado de rojo y con las paredes cubiertas de cuadros por los que vemos brillar una estrella fugaz que termina convirtiéndose en un meteorito que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. ¿Y qué hace nuestro Papa cuando esto pasa? Mira a cámara y nos guiña el ojo.
Sin embargo, no solo de soberbia vive el hombre, y a lo largo de la temporada vemos aparecer por detrás de la muralla muestras de bondad que nos hacen darnos cuenta de que, en el fondo, este señor tiene un corazón. Y, por supuesto, lo cortés no quita lo valiente. Que veamos benevolencia en Lenny no hace que su maldad mágicamente desaparezca, pero hace que se convierta en un personaje más redondo del que nos apetece saber más. Recemos un Ave María para que la segunda temporada salga pronto.
Lenny, el hombre, vive atrapado por su pasado, por haberse criado en un orfanato de monjas y no haber tenido otra opción que dedicarse al clero, por los supuestos milagros que ha realizado a lo largo de su vida. Vive sin entablar relaciones interpersonales porque tiene un miedo atroz al dolor que estas nos causan. Y este miedo viene de la experiencia: cuando era pequeño, un día normal, sus padres lo abandonaron.
Y es precisamente el querer huir de este dolor lo que lo convierte en incorruptible y en inhumano, en un Papa imposible de chantajear por su intachable conducta moral y su completa falta de apego. Lenny, un hombre anclado en el pasado, se convierte en un Papa que insiste en cumplir a rajatabla la doctrina eclesiástica, lo que casa perfectamente con su personalidad: odia a los homosexuales y puede discriminarlos desde su posición, odia a las mujeres y puede discriminarlas desde su profesión (lo machista que es la serie es otro tema que también daría para largo), odia a la humanidad, es un tirano que ha alcanzado una posición de poder absoluto y se aprovecha de ella para abusar de todos aquellos que están bajo su mando.
Pío XIII no solo vive en el pasado simbólicamente, sino que también lo hace literalmente en el Estado de la Ciudad del Vaticano que, como todos sabemos, es un sitio lleno de señores mayores que funciona básicamente a base de complots. Más allá de las bromas, es cierto el joven Papa vive en un mundo que, como el Cardenal Gutiérrez (Javier Cámara) reconoce, está anclado en tiempos remotos. Es un reino de tal modo sobrecogedor que llega a provocar miedo, lo que resulta muy acorde a las intenciones del hombre que acaba de convertirse en su rey.
La soberbia de Pío XIII es, como el poder del Señor, infinita. Tal como él lo ve, no es que como Papa sea el representante de Dios en la Tierra, sino que él mismo es Dios. Como dice en uno de sus discursos: "That's what the Pope wants. That's what the Church wants. That's what God wants". Y esta formidable soberbia no es algo que se oculte ni se critique, sino que es exhibida y glorificada. Pío XIII considera que su soberbia no es un pecado sino una cualidad y nosotros, al ponernos de su lado, nos hacemos cómplices. La propia cabecera de la serie nos indica que Lenny se endiosa a sí mismo: vestido de blanco, lo vemos caminar por un pasillo tapizado de rojo y con las paredes cubiertas de cuadros por los que vemos brillar una estrella fugaz que termina convirtiéndose en un meteorito que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. ¿Y qué hace nuestro Papa cuando esto pasa? Mira a cámara y nos guiña el ojo.
ASMR de simbolismo bien usado
Sin embargo, no solo de soberbia vive el hombre, y a lo largo de la temporada vemos aparecer por detrás de la muralla muestras de bondad que nos hacen darnos cuenta de que, en el fondo, este señor tiene un corazón. Y, por supuesto, lo cortés no quita lo valiente. Que veamos benevolencia en Lenny no hace que su maldad mágicamente desaparezca, pero hace que se convierta en un personaje más redondo del que nos apetece saber más. Recemos un Ave María para que la segunda temporada salga pronto.




