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| They should've never given us uniforms if the didn't want us to be an army. |
Lo que más he ha fascinado de esta serie, basada en una novela de Margaret Atwood, han sido los mecanismos que se emplean para construir el mundo. Y, como la cabra siempre tira al monte, los que más me han gustado han sido los lingüísticos. Siempre que veo una serie en la que, por algún motivo, se genera una especie de realidad alternativa diferente a la nuestra, presto especial atención a las construcciones lingüísticas que se emplean para definir esta realidad.
Los hombres de Gilead despojan a todas las mujeres de este país de su nombre y las confinan a espacios que giran en torno a la servidumbre hacia ellos: las Marthas (criadas), las esposas (Señora de X) y las criadas, como Offred (of+Fred). En una sociedad patriarcal al extremo, las mujeres no solo son inferiores al hombre y lo sirven, sino que sus nombres, su identidad, dependen por completo de ellos. Uno de los grandes pequeños actos de rebeldía de las criadas es llamarse entre ellas por su nombre de pila; y algo que me parece un acierto es que en ningún momento de la serie sabemos el nombre de las esposas. Esta historia no es sobre ellas, sino sobre las criadas, que las consideran unas traidoras.
En el caso de El cuento de la criada, Offred y Fred, enemigos no declarados, se dedican a jugar al scrabble. Me parece un acierto que, habiendo podido usado la metáfora del ajedrez, asociada con la guerra, se haya empleado la de un juego en el que derrocas a tu enemigo a través de tu capacidad de manipular el lenguaje. Porque esto es precisamente lo que se ha hecho en este universo. No solo se ha destruido la democracia y se ha sustituido por un sistema que se sirve de la ley Bíblica para dar poder a los hombres, sino que se ha manipulado el lenguaje para que sirva a este sistema. Una cosa que me gustó mucho en la serie fue cuando celebran una especie de ceremonia pública con todos los gobernantes y, ¿dónde la celebran? ¿En un edificio gubernamental? Já. Qué va. En un edificio que, a claras luces, solía ser una iglesia. El Gobierno es la Iglesia y la Iglesia el Gobierno.
Sin embargo, echan abajo las iglesias. Ahorcan a los curas. Siguen las leyes Bíblicas que les interesan, las interpretan de manera que siempre sean ellos los que salgan beneficiados. Una de mis escenas favoritas es cuando Offred se rebela contra la manipulación de la cita de "bienaventurados los débiles, porque de ellos será el Reino de los Cielos". Esta frase es usada a lo largo de la serie para intentar que las criadas no se rebelen, para forzarlas a que se resignen. Y cuando a Offred se la citan por enésima vez y le preguntan: ¿Es que no conoces la Biblia? Ella contesta que sí, que claro que la conoce. Y continúa citando: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". ¿Y qué desean las criadas excepto justicia?
Este tipo de dicotomías, de paradojas, de lenguaje usado para favorecer a los más fuertes, también aparece de manera espontánea, en frases que se dicen sabiendo perfectamente lo que significan en momentos en los que alguien se queja contra la injusticia. "Lo mejor no es lo mejor para todo el mundo". "Que algo sea justo no quiere decir que sea justo para todos". Los poderosos creen que tienen derecho a hacer lo que deseen, y son conscientes de que para ello tienen que aplastar a los demás. Para ello, intentan justificarse en la Biblia, y cuando esta les falla, en el argumento del "bien común".
Este contraste también lo encontramos nuestra narradora, en Offred. Una de las cosas más refrescantes de la serie es la enorme diferencia que hay entre lo que dice y lo que piensa. Mientras que su voz exterior expresa conformidad, su voz interior sigue siendo la misma que era antes. A pesar de todos los esfuerzos que se han hecho por eliminar su identidad, ha conseguido retenerla. Offred sabe cuál es la verdad, y puede verla a través de todas las mentiras en la que la han intentado sepultar. El resto son spoilers.

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