17 de septiembre de 2017

Wonder Woman (2016)


En mi clase de combate del gimnasio, tenemos un ejercicio que se llama Iron Man cuyo nombre no me inspira nada. El otro día, nuestra entrenadora nos enseñó uno llamado Wonder Woman, inspirado en esta película. Mientras nos lo enseñaba, nos habló de Diana y de las Amazonas y relacionó algunos movimientos de la película con los que aprendemos en clase.

Esto fue lo que me inspiró a ver Wonder Woman. La vi con un chico y una chica, y he de reconocer que pensaba que exagerábais el mensaje de girl power de la película hasta ese momento. Wonder Woman nos presenta un mundo utópico del que lo primero que vemos es un campo de entrenamiento en el que solo hay mujeres. Simbólicamente, esta utopía se viene abajo cuando, accidentalmente, un grupo de soldados la encuentra y la arrasa, matando en el proceso a unas cuantas Amazonas. En Wonder Woman, es Diana la que realiza proezas sobrehumanas y es la protagonista de momentos de acción irreales, la que sobrevive a cosas imposibles. En un momento dado, el chico se rió de "lo poco realista que es esto" y mi amiga le contestó: sí, pero es una chica.

No suelen gustarme las películas de superhéroes, y pocas me inspiran nada más allá de entretenimiento. No voy a mentiros y deciros que me ha encantado Wonder Woman, ni tampoco que me ha parecido una película perfecta. Comete muchos pecados que otras películas del mismo género también cometen. Sin embargo, ha conseguido algo más importante que gustarme: transmitirme, durante dos horas y veinte minutos, un sentimiento de poder. 

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