Me daba mucho miedo ver A Ghost Story. Tenía miedo de verla en un momento en el que mi estado de ánimo no fuera el adecuado y que no me gustara. Tenía miedo de no entenderla, tenía miedo de que no me llegara. Verla un viernes, de noche, sola en casa, fue el escenario perfecto.
Una cosa que me gusta mucho es que el fantasma tiene peso real, tiene gravitas. No va flotando por el aire ni se desliza con facilidad, sino que va andando despacio, como si le pesaran los pies, como si tuviera que expiar un pecado, como si arrastrara consigo una pena infinita. Y creo que es eso lo que hace que, a pesar de que no podamos ver su cara, podamos sentir exactamente lo que está sintiendo hasta el punto de llorar y gritar de frustración, pena y alivio.
Que alguien haya conseguido capturar tantos sentimientos con una cámara me parece mágico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Contadme cositas!