13 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok (2017)


Atención: spoilers.

Thor: Ragnarok, O el valor de la familia. Odín muere. Como consecuencia de esto, Hela, la primogénita, quiere hacerse con el trono. No le importa ni siquiera destruir Asgard, su hogar, para lograrlo. 

Thor está perdidísimo en la vida tras la muerte de su padre, y para más inri pierde su martillo y lo secuestra un señor que lo convierte en gladiador. Thor, en pleno duelo, recurre a la empatía para solucionar el problema. Le confiesa a su hermano que, a pesar de todo, de pequeño lo admiraba. Demuestra que lo conoce, anticipándose a sus movimientos. Intenta no pelear con Hulk cuando, estando en la arena, este aparece por la puerta de los leones. Cuando vuelve a ser Bruce, se preocupa por tranquilizarlo para que no vuelva a quedar atrapado dentro de la bestia verde. Aunque cree que ha perdido su poder, no deja de luchar para volver a Asgard e intentar salvarlo de la destrucción que ha traído Hela. 

Y es precisamente esta empatía la que hace que Thor consiga volver a encontrarse a sí mismo. Porque Thor tiene visiones en las que Odín le habla y, en una de ellas, su padre le dice que no necesita el martillo. Que, lo tenga o no, sigue siendo el Dios del Trueno. Y que el hogar no es un sitio, sino las personas que habitan en él. Y Loki, que siempre ha sido el Dios de las Travesuras, comete una para salvar el suyo. Y es Thor el que la propone. Y los dos hermanos se reconocen el uno al otro y queman puentes entre ellos y su hogar. Porque, a veces, para salvar algo, hay que destruirlo.

Bonus: Noah escribió un texto súper bonito sobre Thor: Ragnarok e intentar ser buena gente aunque nos resulte difícil que, por supuesto, os recomiendo. 

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