4 de agosto de 2018

The Handmaid’s Tale: praise fucking be.

Alerta: spoilers.



"You have a dog. You beat the dog. You keep beating the dog. And you beat the dog and you beat the dog and you beat the fucking dog. And it cowers and it gets submissive. But there is going to be that day where it turns around and bites your face off. [...] You kick the dog enough times and you break it. You kick the dog one more time beyond that, and it fucking kills you."
Emilie Autumn, The Opheliac Companion.

      Si bien el ambiente que se respira en Gilead sigue siendo opresivo hasta la asfixia, la segunda temporada de El cuento de la criada posee una característica fundamental que la distingue de su predecesora: la resistencia activa. Hasta este momento, Offred siempre se ha resistido pasivamente: con su monólogo interior, o fingiendo ser partícipe de los deseos de Fred. Ahora, su actitud trasciende el plano personal y se materializa en acciones y palabras. 


      Aprovechando que está embarazada, Offred se enfrenta a la tía Lydia, a Fred, y a las instituciones que facilitan su abuso sistemático. Este cambio de actitud no solo es visible en Offred, sino también en las acciones del resto de Criadas. Ya al final de la primera temporada las vemos rebelarse y negarse a lapidar a Janine. Cuando se las castiga por ello, y se intenta humillar a Offred, y ponerla como una enemiga, dándole privilegios por estar embarazada, ninguna de las Criadas cae en la trampa: el enemigo no es Offred. El enemigo es Gilead. Uno de los puntos de inflexión de la temporada, que marcará un claro cambio en las dinámicas entre los personajes, es un atentado suicida en el que una criada irrumpe en una ceremonia y hace explotar una bomba que lleva alrededor del pecho. En este atentado mueren Criadas y Comandantes, y otros más resultan heridos. Entre ellos está Fred Waterford. Serena, su mujer, toma las riendas de la casa.

      Siempre se ha dicho que el vínculo entre una Esposa y una Criada embarazada es muy poderoso, y así resulta ser el vínculo entre Serena y Offred. Sin embargo, también resulta perturbador. Vemos cómo se establece una relación de cuasi-amistad entre ellas, que hace que June se plantee que es posible que, “en otra vida”, hubieran sido compañeras de trabajo, o incluso amigas. Sin embargo, en esta vida, a pesar de que el lazo entre ambas se estreche hasta diluir la realidad en la que viven, la verdad siempre sale a la luz: Serena realmente cree en los principios en los que se fundamenta Gilead. Realmente cree que el verdadero lugar de una mujer es su hogar, realmente cree que una mujer debe no solo fidelidad y respeto, sino obediencia a su marido. Realmente cree que lo que le están haciendo a las Criadas es por el bien de la humanidad. Cuando comienza a caernos bien Serena, cuando empezamos a ver que realmente tiene buen corazón, la narrativa siempre nos lanza una verdad a la cara. Serena trabaja con June cuando su marido está enfermo en el hospital. Serena le dice a Offred que, en cuanto nazca el bebé, la echará de casa. Serena deja caer que es posible que eche de menos trabajar. Serena va a dar un discurso sobre “el verdadero lugar de una mujer” a una universidad. 

      Como espectadores, nos encontramos en una encrucijada terrible: vemos a Serena como un ser humano que tiene deseos y ambiciones, pero vemos que esos deseos y ambiciones se consiguen mediante la opresión de los demás. Nos vemos impulsados a querer a Serena como ser humano, a la vez que sentimos repugnancia por ella por lo que ha luchado por traer al mundo, por ser partícipe de opresiones y de odios. Este debatirnos entre el desprecio y el aprecio por la señora Waterford nos genera un sentimiento extremadamente desagradable que se acrecienta cuando vemos el pasado a través de los ojos de Emily, que trabajaba en la universidad a la que Serena va a exponer sus ideas ante el mundo, y enlaza de nuevo con la narrativa de la resistencia. Serena nunca llega a dar ese discurso, porque un montón de estudiantes se lo impiden a gritos.

 
      Y, en todo lugar en el que hay una resistencia, hay colaboradores. Y hay gente que se queda en el centro, sin saber qué hacer. Intentando no favorecer al opresor, creyendo que no oponer resistencia puede ser una forma de protegerse a uno mismo y a los demás. Dan, el supervisor de Emily, cuando Gilead no era más que una idea, y Washington todavía no había sido atacado (si no me confunde la cronología), le pide que no tenga una foto de su mujer y su hijo como fondo del móvil. Él mismo ha quitado la foto que tiene con su marido del despacho. Su intención no es colaborar, sino intentar salvar su vida y la de sus seres queridos. Intenta mantener un diálogo con aquellos que lo odian y que, por su parte, no serán tan piadosos como él. Dan terminará ahorcado, y a sus pies escribirán, en rojo sangre, la palabra “faggot”. 

      Si bien el papel de Serena y las demás Esposas en la explotación y subyugación de otras mujeres es innegable, también es innegable que su forma de actuar es diferente a la de sus maridos. Por muy incómodos que nos haga sentir, las Esposas también son capaces de rebelarse. A pesar de ser no solo colaboradoras, sino partícipes y en ocasiones incitadoras de la revolución que dio lugar a la creación del Gilead, las esposas se rebelan. Flojito, pero se rebelan. Mientras Fred se recupera de sus heridas en el hospital, es Serena quien se encarga del papeleo. Con la ayuda de June, redacta informes y propuestas y firma documentos en nombre del Comandante Waterford. Tras presenciar el asesinato de una adolescente mientras intenta calmar a su hija de escasos meses de edad, Serena se ve impulsada actuar, a intentar prevenir que este sea el mundo en el que su hija crezca. Cuando se lo propone a una amiga suya, esta le dice que hay una Esposa que tiene “algunas opiniones”, a lo que Serena responde: “puede que me interesen”. La sorpresa nace cuando su amiga le contesta: “a mí también”. 

      Las Esposas, fieles siervas de Gilead y de sus Maridos, intentan mejorar su situación en el modelo de sociedad que han ayudado a traer al mundo. Y lo hacen en forma de propuesta de ley: que se permita y se enseñe a las niñas a leer la Biblia. Unos milisegundos de silencio llenan la sala, seguidos por una cascada de susurros entre los Consejeros: ¿que las mujeres lean? ¿Y qué pasa si se dan cuenta de que ellos están abusando la palabra de Dios? Serena va un paso más allá de proponer esta ley: lee el Evangelio según San Juan ante el Consejo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios  … En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres … La luz en las tinieblas resplandece” y, aunque Serena no lo lea, así continúa el verso: “y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:1-5). Aquí se intuye una idea que espero fervientemente que se explore en la siguiente temporada. Las Esposas claramente creen en Dios y en Su palabra. ¿Creerán también en la interpretación que de ella hacen los hombres?

 
      El verbo, la palabra, es una de las esencias de la creación bíblica. Ya en el Génesis, es Adán quien da nombre a los animales. En lingüística, se estudia cómo la palabra nos permite ordenar y comprender el mundo que nos rodea. En psicología, uno de los fundamentos de la inteligencia emocional es ser capaz de identificar y nombrar emociones en nosotros mismos y en los demás. Cuando escribí acerca de El cuento de la criada el año pasado, recalqué que la maravillosa construcción del mundo que nos presenta tiene una enorme base lingüística. Los hombres han construido una interpretación de la Biblia que les otorga el poder a ellos, y dar a las mujeres acceso a Su palabra significa que ellas podrán darse cuenta de que los hombres la han malinterpretado a su antojo con el único objetivo de someter su voluntad. Estos mismos mecanismos lingüísticos siguen en acción en esta segunda temporada. Offed a veces llama a Serena por su nombre, en lugar de llamarla Mrs. Waterford. Cada una de ellas llama al bebé por un nombre. En uno de esos matices que la accesibilidad ofrece, el poder del nombre propio es un elemento a resaltar de los subtítulos. Mientras June/Offred está escapando hacia Canadá, en los diálogos los subtítulos siempre la llamarán por su verdadero nombre. Sin embargo, en cuanto es recapturada, su nombre vuelve a ser un derivado del de sus captores. Offred. No June Osborne. La Criada Defred.

      La segunda temporada de El cuento de la criada no deja miedo femenino sin tocar. Sin embargo, la reacción de las mujeres de Gilead ante dicho miedo ya no es la parálisis, sino la rebelión. Ya no es rebelión pasiva, sino activa. Las Criadas y las Marthas tienen Mayday. Las Esposas intentan cambiar la ley. Las mujeres, en conjunto, actúan en mayor o menor medida para aliviar la opresión con la que los hombres intentan ahogar su albedrío. El perro se revuelve.   

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