El otro día, en mi viaje diario del trabajo a casa, leí un artículo sobre la estética de Wes Anderson que me dio muchas ganas de ver una película suya. Con Anderson me pasa una cosa extraña: me flipan sus películas visualmente, pero no me suelen dejar huella narrativamente. Creo que es precisamente esta belleza estética lo que no me deja apreciar el guión. Cuando termino una película suya, me siento mentalmente sobreestimulada, y necesito descansar un rato para que se me desacelere el cerebro.
Moonrise Kingdom tiene la marca de agua de su director en cada uno de sus componentes, desde los personajes hasta los actores, pasando por la estética y el tipo de planos que lo caracterizan. Sin embargo, mientras que películas como El Gran Hotel Budapest (2014) me resultan sobrecargantes por seguir rígidamente la estética de plano-paralelo-personajes-en-ángulos-rectos, Moonrise Kingdom es mucho mas fluida en este aspecto. La cámara se mueve con más naturalidad, y los planos no son siempre exactamente simétricos. Siempre hay un componente que rompe esta simetría artificial y que le da al plano algo de naturalidad y de espontaneidad que ayuda a que me parezca más real, y que me permite prestar atención a la historia y a los personajes.
PD: esta película también me ha dado así un aire a cine francés, con un romance entre niños tratado con completa seriedad y sin condescendencia, pero esto ya no sé articularlo, así que os lo lanzo como idea.

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