Me daba miedo ver esta película porque no me gustó la primera, y pensaba que ya no había más que contar, que era tirar del hilo de forma innecesaria. Mi reacción al enterarme de que existía no fue "¡buah, chaval, necesito verla!", sino más bien "pues bueno, han sacado una secuela, habrá que verla, espero que no sea una mierda". Y mi deseo fue concedido: me ha encantado todo lo que me no me gustó la de 1996.
Creo que mi problema con la primera película es que no podía identificarme ni con la historia ni con los personajes. Creo que, para al menos entender el contexto en el que se enmarca la historia de Trainspotting (1996), tienes que haber sido veinteañero en los últimos años de los noventa, cuando el mundo se moría y el año dos mil acechaba desde las tinieblas de lo desconocido. Y yo, en 1996, no sabía ni hablar. Esta segunda parte tiene una perspectiva más universal: ¿cuáles son las consecuencias de nuestros actos? ¿Es imposible cambiar nuestro futuro? ¿Existe el destino? ¿Existe la redención? Incluso los paralelismos con la primera película no tienen como única función satisfacer a los fans, sino también servir como paralelismos narrativos: quién os ha visto, y quién os ve. Para bien, y para mal. Cómo hemos cambiado.
Si os gustó la primera y echáis de menos a los personajes y queréis saber qué tal les ha ido la vida, os la recomiendo. Si no os gustó la primera, u os dejó indiferentes, también os la recomiendo. De todas las pelis que he visto este 2017, esta está sin duda en lo alto de la lista de favoritas.

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