31 de diciembre de 2018

Pelis favoritas: 2018

2016 · 2017 · 2019



Las súper favoritas.
-Star Wars: The Last Jedi (2017): con esta saga me pasa lo contrario que al resto del planeta: cuanto más reciente la película, más me gusta. Con las antiguas no conseguí conectar, y mi episodio favorito hasta que sacaron las secuelas fue el episodio III. Sin embargo, me gustaba la experiencia de verlas, y quería saber cómo era verlas en el cine, así que fui a ver The Force Awakens cuando la estrenaron. Y me flipó tantísimo y conecté tanto con ella que fui a verla dos veces, y conté los días hasta el estreno del episodio VIII. The Last Jedi es, sin duda, mi película favorita de la saga. Rinde homenaje a los episodios anteriores y a sus protagonistas, pero asume y defiende explícitamente la necesidad vital de crear nuestro propio mito y nuestra propia historia. Sabiendo de dónde venimos, sí, pero sabiendo que somos diferentes, que es justo lo que comenté en mi reseña de BlacKkKlansman (2018). 
-In Bruges (2008): curiosamente, esta película no me gustó nada la primera vez que la vi. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ella. Sabía que quería decirme algo, y que era yo quien no había comprendido el mensaje. Ahora es una de mis películas favoritas. 
-In Cold Blood (1967): me leí la novela de Capote cuando iba al instituto y es uno de esos libros que no se olvidan. Está escrita con una ternura infinita y, sin embargo, en ningún momento pretende que los hechos en los que se basa son algo menos que aterradores. La película mantiene este equilibrio perfecto entre la ternura y la violencia, y es maravillosa en todos los sentidos.
-The Florida Project (2017): todavía pienso en la review de letterboxd de "willem dafriend". Me gustan mucho las películas con niños, y esta es una maravilla de principio a (casi) fin. Tiene el sello de aprobación de mi madre, que la vio hace un par de noches y cuando me desperté me dijo "qué bonita la película que me recomendaste".
-The Disaster Artist (2017): no me avergüenza reconocerlo, esta película es una maravilla. Me lo pasé fenomenal viéndola, me reí mucho, me puse un poco triste, y se me pasó rapidísimo. Para muestra, mi reseñica de letterboxd: "¿Pero cómo no me voy a reír? ¡Si es una fiesta! Gracias por existir". (Solo sé explicarme con memes)
-Badlands (1973): qué maravilla de película, qué campos tan bonitos, qué idílico todo, y qué poco idealizado lo que sucede, y qué bien tratado el personaje de la chica. Gracias por tanto, Terrence Malick.
-Midnight in Paris (2011) y The Purple Rose of Cairo (1985): a veces lo real es lo fantástico; y a veces lo real es lo real. Pero ojalá existiera de verdad la magia que te permite poder conocer a personas que jamás podrás conocer sin ella.
-The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (2007): si me conocéis desde hace tiempo, sabréis de mi amor eterno por esta película. Sale en mi lista de 2017, ya la había visto antes, y la he vuelto a ver muchas veces. Es una de esas películas que, cada vez que la ves, te habla de algo. El año pasado os hablé de que es melancólica y pacífica, este año me ha parecido que habla de morir en un mundo que también se está muriendo. Nunca me canso de verla, y siempre me deja el corazón un poquito roto.

Las favoritas.
-Everybody Wants Some!! (2016): sí, yo también me he dado cuenta de que también sale en la lista del año pasado. Estaba teniendo una crisis existencial sobre mi futuro y me hizo sentir muy bien por dentro ver que toda esta gente sufría lo mismo que yo y, aún así, disfrutaba de las cosas buenas de la vida.
-Clouds of Sils Maria (2014): pues mira, esta es otra que he vuelto a ver. Y también me ha encantado, y me ha parecido súper triste (me gustan las películas tristes) y súper mágica. Si no os convencí para verla entonces, espero hacerlo ahora.
-12 Angry Men (1957): me gustan mucho las pelis sobre juicios, y esta de verdad que es una maravilla. Hice un hilo de twitter con mis escenas favoritas.
-The Interview (2014): esta es como súper niche y me gusta básicamente porque son James Franco y Seth Rogen haciendo el memo y chistes así como muy de adolescentes en los 2000s. Si os gusta alguna de estas cosas y no os importa pasar (bastante) vergüenza ajena, pues eso.  
-Dirty Dancing (1987): ¡dejad que los niños bailen pegadito! Sí a la vida, sí al amor, sí a pasarlo bien.
-Julie & Julia (2009): me esperaba una cursilada genérica y resulta que es una película con un alma bellísima y que mantiene perfectamente el equilibrio entre hacerte sentir bien y mostrarte que las cosas son difíciles.  
-Wilson (2017): Woody Harrelson haciendo de un señor que es un poco desastre y da un poco de miedo pero que en realidad es muy tierno. ¡Tiene un perrito! ¡Va al parque de atracciones! Lo quiero mucho.
-The Times of Harvey Milk (1984): bueno, que lloré mazo, pero que me gustó mucho. (No, no es la de S*an Penn, es un documental.)
-Little Miss Sunshine (2006): me la recordó una amiga, la vi, y me gustó tanto como cuando iba al instituto. Hay películas que envejecen contigo, y espero que esta sea una de ellas.
-Eight Grade (2018): qué mierda crecer, y qué buen resultado da siempre. Por el miedo a los bañadores y por las hogueras en las que quemamos cosas que querríamos olvidar. 
-The Trip to Bountiful (1985): no puedo dejar de pensar en ella, especialmente desde que vivo en una ciudad que parece anclada en el pasado y en la que el ocio consiste en dar paseos por un mundo que no parece el nuestro.
-Casino Royale (2006): mi película de James Bond favorita ahora y siempre. Que, casualmente, es la que menos se parece al resto de películas de James Bond que yo haya visto. 
-Who's Afraid of Virginia Woolf? (1966): no sé si volvería a ver dos horas de Elizabeth Taylor y Richard Burton gritándose y torturando a dos pobres almas inocentes, pero he de reconocer que me lo pasé... ¿bien? Y es una mina de oro de memes.
-Up in the Air (2009): George Clooney tiene un aura que mi mejor amiga y yo definimos como "si fuera el padre de un amigo tuyo, te sacaría cosas para merendar cuando fueras a su casa". Es nuestra forma de explicar que alguien tiene pinta de ser súper majo y súper buena gente. Pues bueno, que la puse un poco por pasar el rato porque salía él y resulta que me ha encantado. Qué bella sorpresa.

Bonus: series.
-Godless (2017): ojalá el antiguo oeste. Esto se le acerca bastante. Aunque la vendieran como un western de señoras y en realidad sea, como todos, de señores.
-Waco (2018): una miniserie sobre un negociador del FBI y una secta en la Tejas más dejada de la mano de Dios. Realmente la vi porque Michael Shannon (luz de mi vida, fuego de mis entrañas) salía muy guapo en el póster promocional y no veas qué maravilla de serie.
-The Assassination of Gianni Versace (2018): ¿asesinatos y música de los 80? Fantasía.
-The Alienist (2018): el año que descubrí las miniseries. Esta va sobre los predecesores de la ciencia esta de encontrar psicópatas psicoanalizándolos mediante sus escenas del crimen. Y está ambientada a finales del siglo XIX, mi época histórica favorita. 
-The Handmaid's Tale (temporada 2, 1018): qué buen guión tiene esta serie, Dios santo. Gracias por tanto.

28 de diciembre de 2018

BlacKkKlansman (2018)


     En estos últimos años, ha habido una tendencia a resignificar o relocalizar eslógans, especialmente trayendo aquellos de momentos importantes del pasado al presente. Nuestra conciencia histórica, la marca de la modernidad, nos está jugando una mala pasada: nos está haciendo tan conscientes de nuestro pasado que nos está haciendo imposible conceptualizar un presente que se defina a sí mismo.

Alain Jocard / AFP
     En Francia, este mayo de 2018, ha habido un levantamiento estudiantil rememorando el de mayo del 68. Los estudiantes podrían haber elegido cualquier otro mes de cualquier otro año, pero escogieron mayo de 2018. El 50 aniversario de una de las revueltas estudiantiles más populares y con más impacto histórico del mundo. Vivimos en un mundo en el que tenemos tanta conciencia histórica que, a veces, nos resulta difícil separarnos de esta y crear la nuestra, o diferenciar los discursos, o recurrir a un simbolismo que no sea el histórico. Somos capaces de reconocer un contexto económico, cultural y ecológico diferente (Angelique Chrisafalis), pero nos resulta difícil crear nuestro propio discurso y no recurrir al que ya ha adquirido un significado, al que tenemos integrado dentro de nosotros: el histórico. Sin embargo, crear nuestro propio discurso y diferenciarlo del histórico, recalcar la singularidad de nuestro propio momento histórico, aún reconociendo las similitudes con momentos históricos anteriores, es imprescindible. Crear nuestro propio discurso significa verbalizar nuestra forma de ver el mundo de una manera única y singular, exclusiva del mundo que quiere reflejar. Este discurso no sive solo para poner de manifiesto los problemas de nuestro tiempo (un paso necesario para luchar contra ellos) sino que, en el futuro, permitirá que aquellos que vienen detrás de nosotros identifiquen aquello a lo que nos enfrentamos con claridad. 

     BlacKkKlansman comete este error: cuenta una historia de otra época empleando el discurso de la nuestra. Y entiendo por qué lo hace, entiendo que solapar un discurso actual que es (más o menos) socialmente aceptado a un contexto histórico que es (en general) rechazado hace más fácil la denuncia de aquello que queremos combatir. Sin embargo, ese choque entre lo contemporáneo y lo histórico hace que el discurso sea demasiado simbólico, evita que desentrañemos el asunto a tratar, evita que lo evisceremos, que nos manchemos las manos y digamos: mira qué percal se está montando aquí y ahora. La comparación histórica es loable y necesaria. Lo que no es necesario es entremezclar ambos discursos, creando uno que está en el limbo entre el ahora y el antes y que no refleja ninguno de los dos momentos con la veracidad que merecen. No metas un prólogo con un personaje que no vuelve a salir nunca. No insertes un discurso moderno en un discurso histórico. Sí, son parecidos, pero no iguales. Remarca las diferencias, subráyalas en fosforito. Dime: mira, fíjate qué parecido es el discurso y cómo cambiando dos palabras nos la han colado a todos

     ¿Y sabéis lo que me da coraje? Que son cuatro chorradas. Que cambiando una palabra de aquí, cortando una escena de allá, moviendo lo de Charlottesville (que ocurrió un año antes del estreno de la película) un par de minutos, intercalándolo en los créditos, habría salido una película redonda. Pero metes al imitador por excelencia de Donald Trump al principio de la película (¿quién es? ¿qué hace? ¡no vuelve a salir!), coges el contexto de los setenta, le metes discurso actual, y de repente al final vuelves a nuestra realidad contemporánea, y el mensaje queda... raro. Se entiende, pero hay algo que chirría, que no cuadra, que queda brumosos. Creemos nuestro propio discurso. Por nosotros, y por los que heredarán el mundo y las palabras que les dejemos.

(También está el rollo de que la peli te dice lo que tienes que pensar en vez de enseñarte las cosas y dejarte que saques tus propias conclusiones, pero eso ya es otra movida.)

Lecturas adicionales, u otras visiones de la película.
Jones, Monique @moniqueblognet (26-8-2018): BlacKkKlansman. Mediaversity reviews. (última consulta 28-12-18)
Rey, Ramón (3-10-2018): BlacKkKlansman (Spike Lee). Cine Maldito. (última consulta 28-12-18)

5 de noviembre de 2018

Casino Royale (2006)


      A James Bond lo descubrí en esos breves meses de la vida en los que dejas de ser un niño y te transformas en un adolescente. Mi padre me llevó al cine a ver la nueva película de una las tres franquicias que sigue. Hasta entonces, yo no tenía edad suficiente para ver estas películas, y mucho menos en el cine (tampoco es que hubiera querido debido a mi odio irracional a Pierce Brosnan). Recuerdo perfectamente el subidón de adrenalina que me dio cuando Daniel Craig se gira, dispara a la cámara, y estallan los créditos iniciales. Recuerdo lo mucho que me fascinó el villano, y lo bien que me cayó Vesper. La he vuelto a ver (más o menos) media docena de veces. Es una de las pocas películas que no me importa pillar al principio, al final, o por la mitad: si veo una escena, voy a ver lo que le quede. 

      Casino Royale, más allá de tener un guión espectacular y de ser accesible para aquellos que nos acercábamos a Bond por primera vez, tiene algo que la convierte en una película mágica: la atmósfera que genera. Todas las películas de espías que conozco beben del cine negro, de los polis cínicos, de los ambientes grises y de un pesimismo generalizado. Al contrario de todo esto, Casino Royale nos presenta a un James Bond vestido de turista que persigue a los malos por paisajes formados por plantas, por casas de colores, con un mar azulísimo resplandeciendo de fondo en casi cada escena. Nos presenta a un James Bond que se enamora de verdad, que muestra ternura, que existe más allá del spleen. Nos presenta un mundo en el que hay muerte y traición, pero en el que estas no definen lo que hay más allá de ellas. 

      No he visto películas de Bond anteriores a esta, y las que la han seguido me han, como mínimo, dejado indiferente, e incluso han llegado a disgustarme. Pero Casino Royale me ha gustado siempre que la he visto, y siempre conseguirá darme un chute de adrenalina  y renovar mi fe en que es posible hacer películas de espías en las que brille el sol y que te hagan sonreír.

13 de octubre de 2018

The Trip to Bountiful (1985)



Mi familia paterna es de un pueblo diminuto. Hasta donde yo sé, mi abuela nació en ese pueblo. No en un hospital, sino en casa. De camino a ese pueblo diminuto, perdido en la inmensidad de la llanura manchega, hay otro incluso más pequeño y perdido. Año tras año, la nada lo va engullendo poco a poco. Cuando era pequeña, los edificios eran viejos, muy viejos, pero se mantenían en pie. Son edificios de piedra, antiguos, construidos por manos cuya sabiduría no ha pasado a las generaciones que las sucedieron. Son casas de muros gruesos, con habitaciones añadidas para guardar los animales de arreo, los cerdos, las gallinas. Cuando era pequeña, me gustaba imaginarme que de mayor me mudaría a una de esas casas, la repararía con mis propias manos y tendría un gallinero, un rebaño de cabras y un burro, y viviría al lado de la única casa habitada, con el tendedero justo al lado de la carretera, viendo pasar de largo a todos aquellos que se fueron para nunca volver. Con los años, las casas se han ido derrumbando, primero piedra a piedra, y después muros enteros colapsando hacia adentro, como queriendo llenar el vacío que dejaron sus habitantes. Cuando paso por el pueblo, no solo siento que ha muerto una parte de la tradición de mi gente, una parte de la historia de mi tierra, sino también esa versión de mí que soñé hace tanto tiempo. Señora Watts, lo siento tantísimo. Pero no se preocupe. Talaremos árboles, reconstruiremos las casas, y volveremos a dejar yerma la tierra.

4 de agosto de 2018

The Handmaid’s Tale: praise fucking be.

Alerta: spoilers.



"You have a dog. You beat the dog. You keep beating the dog. And you beat the dog and you beat the dog and you beat the fucking dog. And it cowers and it gets submissive. But there is going to be that day where it turns around and bites your face off. [...] You kick the dog enough times and you break it. You kick the dog one more time beyond that, and it fucking kills you."
Emilie Autumn, The Opheliac Companion.

      Si bien el ambiente que se respira en Gilead sigue siendo opresivo hasta la asfixia, la segunda temporada de El cuento de la criada posee una característica fundamental que la distingue de su predecesora: la resistencia activa. Hasta este momento, Offred siempre se ha resistido pasivamente: con su monólogo interior, o fingiendo ser partícipe de los deseos de Fred. Ahora, su actitud trasciende el plano personal y se materializa en acciones y palabras. 


      Aprovechando que está embarazada, Offred se enfrenta a la tía Lydia, a Fred, y a las instituciones que facilitan su abuso sistemático. Este cambio de actitud no solo es visible en Offred, sino también en las acciones del resto de Criadas. Ya al final de la primera temporada las vemos rebelarse y negarse a lapidar a Janine. Cuando se las castiga por ello, y se intenta humillar a Offred, y ponerla como una enemiga, dándole privilegios por estar embarazada, ninguna de las Criadas cae en la trampa: el enemigo no es Offred. El enemigo es Gilead. Uno de los puntos de inflexión de la temporada, que marcará un claro cambio en las dinámicas entre los personajes, es un atentado suicida en el que una criada irrumpe en una ceremonia y hace explotar una bomba que lleva alrededor del pecho. En este atentado mueren Criadas y Comandantes, y otros más resultan heridos. Entre ellos está Fred Waterford. Serena, su mujer, toma las riendas de la casa.

      Siempre se ha dicho que el vínculo entre una Esposa y una Criada embarazada es muy poderoso, y así resulta ser el vínculo entre Serena y Offred. Sin embargo, también resulta perturbador. Vemos cómo se establece una relación de cuasi-amistad entre ellas, que hace que June se plantee que es posible que, “en otra vida”, hubieran sido compañeras de trabajo, o incluso amigas. Sin embargo, en esta vida, a pesar de que el lazo entre ambas se estreche hasta diluir la realidad en la que viven, la verdad siempre sale a la luz: Serena realmente cree en los principios en los que se fundamenta Gilead. Realmente cree que el verdadero lugar de una mujer es su hogar, realmente cree que una mujer debe no solo fidelidad y respeto, sino obediencia a su marido. Realmente cree que lo que le están haciendo a las Criadas es por el bien de la humanidad. Cuando comienza a caernos bien Serena, cuando empezamos a ver que realmente tiene buen corazón, la narrativa siempre nos lanza una verdad a la cara. Serena trabaja con June cuando su marido está enfermo en el hospital. Serena le dice a Offred que, en cuanto nazca el bebé, la echará de casa. Serena deja caer que es posible que eche de menos trabajar. Serena va a dar un discurso sobre “el verdadero lugar de una mujer” a una universidad. 

      Como espectadores, nos encontramos en una encrucijada terrible: vemos a Serena como un ser humano que tiene deseos y ambiciones, pero vemos que esos deseos y ambiciones se consiguen mediante la opresión de los demás. Nos vemos impulsados a querer a Serena como ser humano, a la vez que sentimos repugnancia por ella por lo que ha luchado por traer al mundo, por ser partícipe de opresiones y de odios. Este debatirnos entre el desprecio y el aprecio por la señora Waterford nos genera un sentimiento extremadamente desagradable que se acrecienta cuando vemos el pasado a través de los ojos de Emily, que trabajaba en la universidad a la que Serena va a exponer sus ideas ante el mundo, y enlaza de nuevo con la narrativa de la resistencia. Serena nunca llega a dar ese discurso, porque un montón de estudiantes se lo impiden a gritos.

 
      Y, en todo lugar en el que hay una resistencia, hay colaboradores. Y hay gente que se queda en el centro, sin saber qué hacer. Intentando no favorecer al opresor, creyendo que no oponer resistencia puede ser una forma de protegerse a uno mismo y a los demás. Dan, el supervisor de Emily, cuando Gilead no era más que una idea, y Washington todavía no había sido atacado (si no me confunde la cronología), le pide que no tenga una foto de su mujer y su hijo como fondo del móvil. Él mismo ha quitado la foto que tiene con su marido del despacho. Su intención no es colaborar, sino intentar salvar su vida y la de sus seres queridos. Intenta mantener un diálogo con aquellos que lo odian y que, por su parte, no serán tan piadosos como él. Dan terminará ahorcado, y a sus pies escribirán, en rojo sangre, la palabra “faggot”. 

      Si bien el papel de Serena y las demás Esposas en la explotación y subyugación de otras mujeres es innegable, también es innegable que su forma de actuar es diferente a la de sus maridos. Por muy incómodos que nos haga sentir, las Esposas también son capaces de rebelarse. A pesar de ser no solo colaboradoras, sino partícipes y en ocasiones incitadoras de la revolución que dio lugar a la creación del Gilead, las esposas se rebelan. Flojito, pero se rebelan. Mientras Fred se recupera de sus heridas en el hospital, es Serena quien se encarga del papeleo. Con la ayuda de June, redacta informes y propuestas y firma documentos en nombre del Comandante Waterford. Tras presenciar el asesinato de una adolescente mientras intenta calmar a su hija de escasos meses de edad, Serena se ve impulsada actuar, a intentar prevenir que este sea el mundo en el que su hija crezca. Cuando se lo propone a una amiga suya, esta le dice que hay una Esposa que tiene “algunas opiniones”, a lo que Serena responde: “puede que me interesen”. La sorpresa nace cuando su amiga le contesta: “a mí también”. 

      Las Esposas, fieles siervas de Gilead y de sus Maridos, intentan mejorar su situación en el modelo de sociedad que han ayudado a traer al mundo. Y lo hacen en forma de propuesta de ley: que se permita y se enseñe a las niñas a leer la Biblia. Unos milisegundos de silencio llenan la sala, seguidos por una cascada de susurros entre los Consejeros: ¿que las mujeres lean? ¿Y qué pasa si se dan cuenta de que ellos están abusando la palabra de Dios? Serena va un paso más allá de proponer esta ley: lee el Evangelio según San Juan ante el Consejo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios  … En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres … La luz en las tinieblas resplandece” y, aunque Serena no lo lea, así continúa el verso: “y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:1-5). Aquí se intuye una idea que espero fervientemente que se explore en la siguiente temporada. Las Esposas claramente creen en Dios y en Su palabra. ¿Creerán también en la interpretación que de ella hacen los hombres?

 
      El verbo, la palabra, es una de las esencias de la creación bíblica. Ya en el Génesis, es Adán quien da nombre a los animales. En lingüística, se estudia cómo la palabra nos permite ordenar y comprender el mundo que nos rodea. En psicología, uno de los fundamentos de la inteligencia emocional es ser capaz de identificar y nombrar emociones en nosotros mismos y en los demás. Cuando escribí acerca de El cuento de la criada el año pasado, recalqué que la maravillosa construcción del mundo que nos presenta tiene una enorme base lingüística. Los hombres han construido una interpretación de la Biblia que les otorga el poder a ellos, y dar a las mujeres acceso a Su palabra significa que ellas podrán darse cuenta de que los hombres la han malinterpretado a su antojo con el único objetivo de someter su voluntad. Estos mismos mecanismos lingüísticos siguen en acción en esta segunda temporada. Offed a veces llama a Serena por su nombre, en lugar de llamarla Mrs. Waterford. Cada una de ellas llama al bebé por un nombre. En uno de esos matices que la accesibilidad ofrece, el poder del nombre propio es un elemento a resaltar de los subtítulos. Mientras June/Offred está escapando hacia Canadá, en los diálogos los subtítulos siempre la llamarán por su verdadero nombre. Sin embargo, en cuanto es recapturada, su nombre vuelve a ser un derivado del de sus captores. Offred. No June Osborne. La Criada Defred.

      La segunda temporada de El cuento de la criada no deja miedo femenino sin tocar. Sin embargo, la reacción de las mujeres de Gilead ante dicho miedo ya no es la parálisis, sino la rebelión. Ya no es rebelión pasiva, sino activa. Las Criadas y las Marthas tienen Mayday. Las Esposas intentan cambiar la ley. Las mujeres, en conjunto, actúan en mayor o menor medida para aliviar la opresión con la que los hombres intentan ahogar su albedrío. El perro se revuelve.   

21 de marzo de 2018

The Beguiled (2017)


Nota previa: creo que es una película que es mejor ver sin saber exactamente de qué va, pero si os gusta leer sobre lo que vais a ver antes de verlo, aquí no encontraréis spoilers.

Las películas de Sofia Coppola son estéticamente perfectas, pero nunca han terminado de convencerme conceptualmente. Siempre me ha resultado chocante ver el mundo femenino representado tan bien y tan desde dentro pero, a la vez, desde una perspectiva tan masculina. Recuerdo ver The Virgin Suicides (1999) y pensar que era una oportunidad desaprovechada de deshacer la male gaze del libro y transformar la historia en lo que sucedió visto desde el punto de vista de las chicas, en lugar de contarla, de nuevo, a través de los ojos de los adolescentes que las idolatran. Recuerdo ver Lost in Translation (2003) y pensar que el rollito de Scarlett Johansson y Bill Murray era una proyección de lo que él quería en ella, y la incomodidad de sentir que me estaban contando una historia contada por una mujer pero a través de los ojos de un hombre. 

The Beguiled (2013) juega, precisamente, con esas expectativas. Pero ya desde el principio notamos algo raro. Sí, parece el sueño erótico de un hombre: un montón de mujeres que lo desean sexualmente. Pero la historia está claramente contada a través de los ojos de ellas. La tensión sexual se palpa en la casa desde el primer segundo, se nota que es algo que estaba ahí de antemano, como un volcán durmiente que, por un movimiento tectónico, entra en erupción. El deseo de las mujeres ya estaba ahí antes de que el soldado llegara, pero ahora tienen un objeto físico hacia el que dirigirlo. Sin embargo, ellas nunca se enfrentan entre sí, sino que simplemente intentar ser la primera en llegar a la meta. Y, cuando descubren qué tipo de hombre hay en su casa, dejan la carrera de lado y no se atacan las unas a las otras, sino que se enfrentan a él, al intruso que está desequilibrando sus vidas y poniéndolas en peligro. 

What have we become?, se pregunta Edwina en un momento dado. Una manada, Edwina. Una manada.

19 de marzo de 2018

Mindhunter (2017)


Algunas imágenes pueden dañar la sensibilidad de los espectadores.

¿Cuántos de vosotros habéis pasado por una fase de fascinación por los asesinatos, o los asesinos en serie? ¿Cuántos habéis salido de la fase obsesiva, pero no habéis dejado de sentir esa fascinación? Me crié viendo Bones mientras merendaba y Mentes Criminales antes de irme a dormir. No me crea pesadillas, pero creo que es la raíz de mi miedo visceral a salir a la calle por la noche, a volver a casa sin que nadie me acompañe. Uno de mis libros favoritos durante la adolescencia fue El silencio de los corderos. Me lo saqué de la biblioteca y me lo leí en un tren a Madrid, con los ojos pegados al papel mientras mis padres me animaban a ver cómo el paisaje mediterráneo se fundía y, finalmente, se transformaba en la meseta central. 

Mindhunter juega con que el espectador que acude a ella está inmunizado contra las imágenes de violencia a las que se enfrentará viendo la serie. En la propia cabecera, salen imagenes de lo que parece un asesinato a modo de flashes estilo jumpscare. Pero sabemos a lo que venimos, y lo que nos generan no es repulsión, sino curiosidad. Y aquí entra en juego Holden, la pièce de résistance: un agente del FBI que siente una fascinación casi enfermiza por la mente de los asesinos en serie, por qué mecanismos los llevan a actuar como actúan. Para obtener confesiones, para ganarse la amistad de estos asesinos, Holden adopta su vocabulario, sus expresiones, su manera de hablar de las víctimas. Su manera de hablar de las mujeres, que incomodará a sus compañeros de trabajo pero que el espectador, igual que Holden, ve como un mal necesario: hay que ponerse en su lugar, hay que pensar como ellos, para conseguir entenderlos. Con el propósito de prevenir estos crímenes, o de atrapar a los criminales más rápido en el futuro. Pero también un poco por el morbo. Y, por supuesto, eso tendrá consecuencias. 

That is your world, and it has made you paranoid.
That is your world, and it has made you paranoid.

Read more: https://www.springfieldspringfield.co.uk/view_episode_scripts.php?tv-show=mindhunter-2017&episode=s01e10
That is your world, and it has made you paranoid.

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